Pensamientos del Libertador "El Estadista"

Publicado en por Socialismo sin Tabu

Es preciso que el gobierno se identifique, por decirlo así, al carácter de las circunstancias, de los tiempos y de los hombres que lo rodean. Si éstos son prósperos y serenos, él debe ser dulce y protector; pero si son calamitosos y turbulentos, él debe mostrarse temible y armarse de una fuerza igual a los peligros, sin atender a leyes ni constituciones, ínterin no se restablecen la felicidad y la paz.

(Proclama a los ciudadanos de Nueva Granada, 15 dic. 1812; Vol. I).

 

Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos.

(Discurso es, el Convento de Franciscanos de Caracas, 2 ene. 1814; Vol. II).

 

Así como la justicia justifica la audacia de haberla emprendido, la imposibilidad de su adquisición califica la insuficiencia de los medios.

(Manifiesto de Carúpano, 7 sept. 1814; Vol. II).

 

No es lo asequible lo que se debe hacer, sino aquello a que el derecho nos autoriza.

(Manifiesto de Carápano, 7 sept. 1814: Vol. II).

 

La justicia es la reina de las virtudes republicanas, y con ellas se sostienen la igualdad y la libertad.

(Discurso en Bogotá, 18 de ene. 1815; Vol. II).

 

La primera de todas las fuerzas es la opinión pública.

(Discurso en Angostura, 1° nov. de 1817; Vol. II).

 

Principio base de nuestra política: Paz a la nación española, y guerra de exterminio a su gobierno actual.

(Carta al agente diplomático de Venezuela en Londres (López Méndez), 2 de jun. 1818; Vol. I).

 

Nada es tan peligroso como dejar. permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el Poder. El Pueblo se acostumbra a obedecerle, y él a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía.

(Discurso al Congreso de Angostura, 15 feb. 1819; Vol. II).

 

Las buenas costumbres y no la fuerza, son las columnas de las leyes; y el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la Libertad.

(Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 feb. De 1819; Vol. II).

 

Observaréis muchos sistemas de manejar hombres, mas todos para oprimirlos; y si la costumbre de mirar al género humano conducido por pastores de pueblos, no disminuyese el horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos al ver nuestra dócil especie pacer sobre la superficie del globo como viles rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores.

(Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 feb. De 1819; Vol. II).

 

Muchas naciones antiguas y modernas han sacudido la opresión; pero son rarísimas las que han sabido gozar de algunos preciosos momentos de Libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios; porque son los pueblos mas bien que los gobiernos, los que arrastran tras si la tiranía.

(Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 feb. de 1819; Vol. II).

 

Sólo la Democracia, en mi concepto es susceptible de una absoluta libertad; pero ¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo poder, prosperidad y permanencia?

(Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 feb. de 1819; Vol. II).

 

El sistema de gobierno más perfecto, es aquél que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social, y mayor suma de estabilidad política.

(Discurso ante el Congreso de Angostura; 15 feb. de 1819; Vol. II).

 

Los Códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las Repúblicas!

(Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 feb. de 1819; Vol. II).

 

De la Libertad absoluta se desciende siempre al Poder absoluto, y el medio entre estos dos términos es la Suprema Libertad Social.

(Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 feb. de 1819; Vol. II).

 

Yo imploro la confirmación de la Libertad absoluta de los esclavos como imploraría mi vida, y la vida de la República.

(Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 feb. de 1819; Vol. II).

 

En cuanto a mi Senado diré, que no es una aristocracia ni una nobleza, constituidas, la primera sobre el derecho de mandar la República, y la segunda sobre privilegios ofensivos. El oficio de mí Senado es temperar la democracia absoluta, es mezclar la forma de un gobierno absoluto con una institución moderada, porque ya es un principio recibido en la política, que tan tirano es el gobierno democrático absoluto como un déspota; así, sólo un gobierno temperado puede ser libre.

(Carta a Guillermo White, 26 mar. 1820; Vol. I).

 

La educación forma al hombre moral, y para formar un legislador se necesita ciertamente educarlo en una escuela de moral, de justicia y de leyes.

(Carta a Guillermo White, 26 may. 1820; Vol. I).

 

Sin moral republicana no puede haber gobierno libre.

(Carta a Guillermo White, 26 may. 1820; Vol. I).

 

Si hay alguna violencia justa, es aquella que se emplea en hacer a los hombres buenos, y, por consiguiente felices; y no hay libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar la humanidad y a perfeccionarle su suerte.

(Carta a Guillermo White, 26 may. 1820; Vol. I).

 

Ciertamente, el oro y la plata son objetos preciosos; pero la existencia de la República y la vida de los ciudadanos son más preciosos aún.

(Carta al Gen. Santander, 30 may. 1820; Vol. I).

 

Es imperturbable nuestra resolución de independencia o nada.

(Carta al Gen. Santander, 7 jul. 1820; Vol. I).

 

Es nuestra ambición ofrecer a los españoles una segunda patria, pero erguida, no abrumada de cadenas.

(Carta a Fernando VII, 24 ene. 1821; Vol. I).

 

El que no está con la Libertad puede contar con las cadenas del infortunio y con la desaprobación universal.

(Carta al Gen. Santander, 29 abr. 1823; Vol. I).

 

No hay esperanza de justicia donde no se encuentra ni equidad ni talento para manejar los grandes negocios, y negocios de que depende la vida del Estado.

(Carta al Gen. Santander, 30 oct. 1823; Vol. I).

 

La cosa de América, no es un problema ni un hecho siquiera, es un decreto soberano, irrevocable del destino: este mundo no se puede ligar a nada, porque los dos grandes océanos del mundo lo rodean y el corazón de los americanos es absolutamente independiente.

(Carta a Santander, 6 agos. 1823; Vol. I).

 

La libertad del mundo está dependiente de la salud de América.

(Carta al Gen. inglés, Sir Robert Wilson, 15 nov. De 1824; Vol. I).

 

Creo que mi gloria ha llegado a su colmo, viendo a mi patria libre, constituida y tranquila, al separarme yo de sus gloriosas riberas.

(Carta al Pte. del Senado de Colombia, 22 dic. de 1824; Vol. I).

 

En Europa todo se hace por la tiranía, acá es por la libertad; lo que ciertamente nos constituye enormemente superiores. Por ejemplo: ellos sostienen a los tronos, a los reyes; nosotros a los pueblos, a las repúblicas. Ellos quieren la dependencia, nosotros la independencia.

(Carta al Gen. Santander, 23 feb. de 1825; Vol. I).

 

Las barreras constitucionales ensanchan una conciencia política, y le dan firme esperanza de encontrar el fanal que la guíe entre los escollos que la rodean: ellas sirven de apoyo contra los empujes de nuestras pasiones, concertadas con los intereses ajenos.

(Proyecto de Constitución para Bolivia, 25 de may. 1826; Vol. II).

 

La verdadera Constitución liberal está en los Códigos civiles y criminales; y la más terrible tiranía la ejercen los Tribunales por el tremendo instrumento de las leyes. De ordinario el Ejecutivo no es mas que el depositario de la cosa pública; pero los Tribunales son los árbitros de las cosas propias -de las cosas de los individuos.

(Proyecto de Constitución para Bolivia, 25 de may. 1826; Vol. II).

 

La responsabilidad de los empleados se señala en la Constitución. Sin responsabilidad, sin represión, el Estado es un caos.

(Proyecto de Constitución para Bolivia, 25 de may. 1826; Voz. II).

 

En una constitución política no debe prescribirse una profesión religiosa; porque según las mejores doctrinas sobre las leyes fundamentales, éstas son las garantías de los derechos políticos y civiles; y como la religión no toca a ninguno de estos derechos, ella es de naturaleza indefinible en el orden social y pertenece a la moral intelectual.

(Proyecto de Constitución para Bolivia, 25 de may. 1836; Vol. II).

 

La Religión es la ley de la conciencia. Toda ley sobre ella la anula porque imponiendo la necesidad al deber, quita el mérito a la fe, que es la base de la Religión. Los preceptos y los dogmas sagrados son útiles, luminosos y de evidencia metafísica. Todos debemos profesarlos, mas este deber es moral, no político.

(Proyecto de Constitución para Bolivia, 25 de may. 1826; Vol. II).

 

La religión gobierna al hombre en la casa, en el gabinete, dentro de sí mismo: sólo ella tiene derecho de examinar su conciencia íntima. Las leyes, por el contrario, miran la superficie de las cosas: no gobiernan sino fuera de la casa del ciudadano. Aplicando estas consideraciones ¿podrá un Estado regir la conciencia de los súbditos, velar sobre el cumplimiento de las leyes religiosas, y dar el premio o el castigo, cuando los Tribunales están en el cielo, y cuando Dios es el juez?

(Proyecto de Constitución para Bolivia, 25 de may. 1826; Vol. II).

 

Si los votos nacionales se han dignado llamarme de nuevo a la presidencia del Estado, mi deber es someterme reverentemente a su soberanía; mas también es mi obligación resistir a la voluntad nacional cuando ella infringe los preceptos de su propia conciencia y viola sus propias leyes. El pueblo colombiano ha ordenado, por el órgano de sus representantes, que ningún ciudadano le sirva en la presidencia del Estado más de ocho años. Yo he sido seis años jefe supremo, y ocho presidente; mi reelección, por tanto, es una manifiesta ruptura de las leyes fundamentales.

(Carta al Gen. Santander, renunciando a la presidencia de Colombia, 4 jun. de 1826; Vol. I).

 

Una ley fundamental no puede ser sospechosa siquiera, como la mujer de César. La integridad debe ser su primer atributo.

(Carta al Gen. Santander, 8 oct. 1826; Vol. I).

 

Un magistrado republicano, constituido para esclavo del pueblo, no es otra cosa que una víctima. Las leyes de un lado lo encadenan, y las circunstancias por otra parte lo arrastran.

(Carta a Sir Robert Wilson, General inglés, 30 abr. De 1827; Vol. II).

 

La dictadura es el escollo de las Repúblicas.

(Carta a Sir Robert Wilson, 30 abr. 1827; Vol. II).

 

El modo de gobernar bien es el de emplear hombres honrados, aunque sean enemigos.

(Carta al Gen. Páez, 26 mar. 1828; Vol. II).

 

Yo considero al Nuevo Mundo como un medio globo que se ha vuelto loco y cuyos habitantes se hallasen atacados de frenesí y que, para contener este flotamiento de delirios y de atentados, se coloca en el medio, a un loquero con un libro en la mano para que les haga entender su deber.

(Carta al Gen. Briceño, 15 may. 1838; Vol. II).

 

El nuevo gobierno que se dé la república debe estar fundado sobre nuestras costumbres, sobre nuestra religión y sobre nuestras inclinaciones, y, últimamente, sobre nuestro origen y sobre nuestra historia.

(Carta al Gen. Páez, 26 de agos. 1828; Vol. II).

 

Para que un pueblo sea libre debe tener un gobierno fuerte, que posea medios suficientes para librarlo de la anarquía.

(Carta al Gen. Páez, 26 de agos. 1828; Vol. II).

 

Los hombres de luces y honrados son los que debieran fijar la opinión pública. El talento sin probidad es un azote. Los intrigantes corrompen los pueblos, desprestigiando la autoridad.

(Carta al Gen. Carabaño, 8 oct. 1828; Vol. II).

 

La destrucción de la moral pública causa bien pronto la disolución del Estado.

(Carta al Dr. Castillo Rada, 6 ene. 1829; Vol. II).

 

Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la Libertad.

(Carta al Cor. inglés Patricio Campbell, 5 agos. De 1829; Vol. II).

 

La igualdad legal es indispensable donde hay desigualdad física, para corregir en cierto modo la injusticia de la naturaleza.

(Carta al Gen. O'Leary, 13 sept. 1829; Vol. II).

 

Debe hacerse lo que sea más útil, pues ni el Consejo ni yo debemos tener más consideraciones que las del bienestar de los pueblos y la mayor utilidad pública.

(Carta al Dr. Castillo Rada, 26 oct. 1829; Vol. II).

 

Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado, este Estado no debería subsistir, y al fin no existiría.

(Mensaje al Congreso Constituyente de Colombia, 20 ene. 18.50; Vol. II).

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