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Saturday 11 april 6 11 /04 /Abr 06:14

Si se opone la naturaleza a nuestros designios, lucharemos contra ella, y la haremos que nos obedezca.

(Discurso en Caracas, 26 de mar. 1812; Vol. II).

 

Sólo ejércitos aguerridos son capaces de sobreponerse a los primeros infaustos sucesos de una campaña.

(Mensaje a los ciudadanos de Nueva Granada, 15 dic. 1812; Vol. I).

 

Al silencio de los muertos, sucedieron los vivas a la libertad.

(Manifiesto de Caracas, 9 agos. 1813; Vol. II).

 

No envainaré jamás la espada mientras la libertad de mi patria no esté completamente asegurada.

(Discurso en el Convento de Franciscanos de Caracas, 2 ene. 1814; Vol. II)

 

Huí de la tiranía, no para ir a salvar mi vida, ni esconderla en la oscuridad, sino para exponerla en el campo de batalla, en busca de la gloria y de la libertad.

(Discurso en el Convento de Franciscanos de Caracas, 2 ene. 1814; Vol. II).

 

Dios concede la victoria a la constancia.

(Manifiesto de Carúpano, 7 sept. 1814; Vol. II).

 

Aunque la guerra es el compendio de todos los males, la tiranía es el compendio de todas las guerras.

(Proclama a los ciudadanos de Cundinamarca, 17 dic. 1814; Vol. II).

 

Yo no he contraído otro mérito que el de adquirir para nuestras armas el triunfo mayor que pueda adornarlas: perdonar a sus enemigos después de haberlos vencido.

(Proclama a los soldados venezolanos, 13 abr. 1814; Vol. II).

 

Yo sigo la carrera gloriosa de las armas sólo por obtener el honor que ellas dan; por libertar a mi patria y por merecer las bendiciones de los pueblos.

(Carta al Dr. Pedro Gual, 9 feb. 1815; Vol. I).

 

El verdadero guerrero se gloria solamente de vencer a sus enemigos, mas no de destruirlos.

(Carta al Gen. español Pardo, 17 may. 1816; Vol. I).

 

El sistema militar es el de la fuerza, y la fuerza no es gobierno.

(Carta al canónigo Cortés Madariaga, 26 nov. 1816; Vol. I).

 

La suerte de la guerra es impenetrable para los hombres.

(Carta al Gen. Santander, 11 ene. 1820; Vol. II).

 

El valor es preferible al número y la habilidad superior al valor.

(Carta al Gen. Arismendi, 26 jun. 1816; Vol. I).

 

El premio del mérito es el acto más augusto del poder humano.

(Discurso en Angostura, 1° nov. 1817; Vol. II).

 

El valor y la habilidad suplen con ventaja al número. ¡Infelices los hombres si estas virtudes morales no equilibrasen y aun superasen las físicas!

(Carta a B. Irvine, agente de los EE. UU., 12 oct. 1818; Vol. I).

 

En el puerto, las tempestades son menos terribles.

(Carta al Gen. Santander, 14 de nov.1819; Vol. II)

 

Audacia en el plan y prudencia en la ejecución.

(Carta al Gen. Santander, 25 jun. 1820; Vol. I).

 

Es muy importante premiar a tiempo.

(Carta al Gen. Santander, 26 jun. 1820; Vol. I).

 

En las guerras civiles es donde el derecho de gentes ha de ser más extricto y vigoroso.

(Carta a los Generales Sucre, Briceño y Gabriel Pérez, 23 nov. 1820; Vol. I).

 

Estoy en el caso de perder el camino de la vida, o de seguir siempre el de la gloria.

(Carta al Gen. Santander, 16 agos. de 1821; Vol. I).

 

Después del bien de Colombia, nada me ocupa tanto como el éxito de las armas de V. E. (Gen. San Martín), tan dignas de llevar sus estandartes gloriosos donde quiera que haya esclavos que se abriguen a su sombra.

(Carta al Gen. San Martín, agos. 1821; Vol. I).

 

Persuádase Vd. que no sirvo sino para pelear, o, por lo menos, para andar con soldados, impidiendo que otros los conduzcan peor que yo.

(Carta al Dr. Pedro Gual, 16 sept. 1821; Vol. I).

 

Me dice que la historia dirá de mi cosas magnificas. Yo pienso que no dirá nada tan grande como mi desprendimiento del mando, y mi consagración a las armas para salvar al gobierno y a la Patria.

(Carta al Dr. Pedro Gual, 16 sept. 1821; Vol. I).

 

Todo el mundo sabe que yo tengo enemigos; muchos piensan que aspiro al poder absoluto; ¿no será un gran golpe para la República que las enemistades y los celos, conspirando contra mi derriben el gobierno? Mandando el Ejército, Colombia me tendrá siempre en la reserva y el gobierno a la vanguardia. Sufro una derrota, el gobierno reparará las pérdidas. Suponiendo lo contrario, la cabeza del Ejército es la cabeza del gobierno. Sufriendo todos los tiros, deberá al fin caer y arrastrar con su caída la suerte de la sociedad... Si me obligan a mandar, deserto.

(Carta al Dr. José M° del Castillo Rada, 16 sept. de 1831; Vol. I).

 

La Historia dirá: "Bolívar tomó el mando para libertar a sus conciudadanos, y cuando fueron libres, los dejó para que se gobernasen por leyes, y no por su voluntad".

(Carta al Dr. Pedro Gual, 16 sept. 1831; Vol. I).

 

Cuando las calamidades públicas me pusieron las armas en las manos para libertar a mi patria, yo no consulté mis fuerzas ni mis talentos. Cedí a la desesperación del espectáculo de horror que ofrecía ella en cadenas; y poniéndome a la cabeza de las empresas militares que han continuado la lucha por más de once años, no fué con el ánimo de encargarme del gobierno, sino con la firme resolución de no ejercerlo jamás. Yo juré en el fondo de mi corazón no ser más que un soldado, servir solamente en la guerra, y ser en la paz un ciudadano.

(Carta al Pte. del Congreso General de Colombia, 19 oct. 1821; Vol. I).

 

La unidad en la guerra es la primera ventaja.

(Carta al Gen. M. Montilla. 7 oct. 1821; Vol. I).

 

Un neciono puede ser autoridad.

(Carta al Gen. Santander, 12 nov. 1823;  Vol. I).

 

Pronto estoy a marchar con mis queridos compañeros de armas a los confines de la tierra que sea oprimida por tiranos.

(Carta al Gen. Portocarrero, Pte. del Perú, 18 mar, de 1828; Vol I).

 

Ya no se puede mandar, sino por el amor del prójimo y con una profunda humildad.

(Carta al Gen. Santander, 23 abr. 1823; Vol. I).

 

Es una manía miserable el querer mandar a todo trance.

(Carta a Santander, 15 abr. 1823; Vol. I).

 

He llegado al punto que ni aun la salud de la patria, ni la gloria misma, me hacen la menor impresión, si se opone a la letra de mi deber.

(Carta al Gen. Santander, 29 abr. 1823; Vol. I).

 

Estoy todo entero donde quiera que esté una de mis partes.

(Carta al Gen. Santander, 14 may. 1823; Vol. I).

 

Los militares instruidos y buenos son muy pocos y muy preciosos.

(Carta al Gen. Santander, 30 may. 1823; Vol. I).

 

Mí corazón fluctúa entre la esperanza y el cuidado: montado sobre las faldas del Pichincha, dilato mi vista desde las bocas del Orinoco hasta las cimas del Potosí, este inmenso campo de guerra y de política ocupa fuertemente mi atención y me llama también imperiosamente cada uno de sus extremos, y quisiera, como Dios, estar en todos ellos.

(Carta al Gen. Santander, 23 jun. 1823; Vol. I).

 

Yo soy con los soldados lo que los pródigos con el dinero, que cuando lo tienen no saben qué hacer con él sino gastarlo.

(Carta al Gen. Santander, 30 oct. 1823; Vol. I).

 

Fuera del Ejército, estoy fuera de mi centro.

(Carta al Gen. Sucre, 23 dic. 1823; Vol. I).

 

Tengo en más a un soldado de la ley que al conquistador del universo.

(Carta al Gen. inglés Robert Wilson, 27 ene. 1824; Vol. I).

 

La guerra se alimenta del despotismo, y no se hace por el amor de Dios.

(Carta al Gen. José de La Mar, 8 feb. 1824; Vol. I).

 

La gloria, el honor, el talento, la delicadeza, todo se reúne en el solo punto del triunfo de Colombia, de su Ejército y la libertad de América.

(Carta al Gen. Sucre, 4 de sept. 1824; Vol. I).

 

El cielo es prodigioso con los que combaten por la justicia y severo con los opresores.

(Carta al Obispo de Mérida. 10 nov. 1824; Vol. I).

 

Acostumbrado a mandar como militar, nunca podré acertar a llenar una carrera civil. Por supuesto que terminada la guerra no hay poder bastante en la tierra para hacerme mandar a nadie. Este sentimiento es en mí muy antiguo, y cada día se renueva.

(Carta al Gen. ,Santander reiterando su renuncia a la Presidencia de Colombia, 10 nov. 1824; Vol. I).

 

La opresión está reunida en masa, bajo un solo estandarte, y si la libertad se dispersa no puede haber combate. Por esta falta absurda, enorme, criminal, mil opresores de la Europa moderna, tienen subyugados hasta los extremos del mundo.

(Carta al Gen. Santander. 23; feb. de 1825; Vol. I).

 

Mi agradecimiento a Sucre no tiene términos: primero por justicia, y, segundo, por generosidad, pues que él me ha quitado en Ayacucho el más hermoso ramo de mis laureles: él es libertador del imperio de los Incas, desde el Juanambú hasta Charcas, de suerte que él es absolutamente mi competidor en gloria militar, de lo que no estoy nada sentido, para merecer lo que me queda, pues si me muestro envidioso no mereceré ni una hoja de laurel. Y lo mismo digo respecto a Vd. Nadie lo quiere, nadie lo aplaude más que yo, por sentimiento y por raciocinio; porque yo creo que la más hermosa corona es la que da la justicia. Miserable de mi si yo tuviese otras ideas. Si yo fuese envidioso, apenas podría merecer el nombre de hombre. Yo tengo el orgullo de creerme superior a tan infame debilidad.

(Carta al Gen. Santander, 23 feb. de 1825; Vol. I).

 

Mis cóleras pertenecen a los relámpagos que pasan con ellos.

(Carta al Gen. Santander, 26 feb. de 1823; Vol. I).

 

Yo estoy resuelto a abandonarlo todo, todo en este año (si no vienen los franceses) para meterme al agradable oficio de simple ciudadano; para dar mis consejos; para hablar con libertad; y para que todo el mundo vea con sus ojos que no tengo miras ambiciosas.

(Carta al Gen. Santander, 8 mar, de 1825; Vol. I).

 

La necesidad no conoce leyes.

(Carta al Gen. Santander, 7 abr. de 1825; Vol. I).

 

Un militar no tiene virtualmente que meterse sino en el ministerio de sus armas.

(Carta al Gen. Santander, 26 abr. de 1825; Vol. I).

 

Yo soy irrevocable, como el destino, en los negocios de disciplina.

(Carta al Gen. Salom, 27 jun. de 1825; Vol. I).

 

Yo soy el hombre de las dificultades y no más: no estoy bien sino en los peligros combinados con los embarazos; pero no en el tribunal ni en la tribuna; que me dejen seguir mi diabólica inclinación y al cabo habré hecho el bien que puedo.

(Carta al Gen. Santander, 8  sept. de 1825; Vol. I).

 

Mi destino ha querido que una vasta porción del mundo haya aprovechado de mis combates para romper sus cadenas: éste es todo mi mérito.

(Carta a Sir Robert Wilson, 20 oct. 1825; Vol. I).

 

El titulo de Libertador es superior a todos los que ha recibido el orgullo humano.

(Carta al Gen. Páez; 6 mar. 1.926: Vol. I).

 

El hábito de la guerra, el servicio de los campamentos, el contacto con los enemigos, me han puesto fuera del mando civil. Lo digo con rubor, mas debo confesarlo.

(Carta al Pte. del Senado de Colombia, rechazando su reelección presidencial, 4 jun. de 1826; Vol. I).

 

Yo no me he constituido para presidente sino para soldado.

(Carta al Gen. Santander, 2 jun. de 1826; Vol. I).

 

Es glorioso, sin duda, servir a la Patria, salvarla en el combate, pero es muy odioso el encargo del mando sin otros enemigos que los propios ciudadanos y los hombres del pueblo que se llaman victimas.

(Carta al Gen. Santander, 7 jun. de 1826; Vol. I).

 

Libertador o muerto, es mi divisa antigua. Libertador es más que todo; y, por lo mismo, yo no me degradaré hasta un trono.

(Carta al Gen. Santander, 19 sept. de 1826; Vol. I).

 

He combatido por la libertad que es gloriosa; no mandaré ciertamente para obtener por recompensa el titulo de tirano.

(Carta al Gen. Páez, 15 sep. 1826; Vol. I).

 

Mi mayor ambición es la dicha y la estabilidad de las repúblicas que ha fundado el heroísmo y las virtudes del Ejército.

(Carta al Gen. Gutiérrez de la Fuente, 16 ene. 1827; Vol. II).

 

Más aborrezco el mando que la muerte, pero todavía aborrezco más la ignominia de la deserción.

(Carta al Gen. José A. Páez, 16 may. 1827; Vol. II).

 

La gloria es la dicha del héroe.

(Carta al Gen. Sucre, 6 abr. 1827; Vol. II).

 

La guerra es mi elemento; los peligros mi gloria.

(Carta al Gen. Urdaneta, 14 abr. 1827; Vol. II).

 

El peligro es mi trono, y vencerlo mi gloria.

(Carta al Dr. Miguel Peña 16 feb. 1828; Vol. II).

 

Llamarse jefe para no serlo es el colmo de la miseria.

(Carta al Gen. Páez, 1° abr. 1828; Vol. II).

 

De la derrota se saca el partido de la reacción, y de la capitulación no se saca otra cosa que entregar hasta los dispersos y perder hasta el derecho de defenderse. Triunfo absoluto, o nada, es mi divisa.

(Carta al Cor. O'Leary 24 abr. de 1828; Vol. II).

 

Sin energía no resplandece nunca el mérito, y sin fuerza no hay virtud, y sin valor no hay gloria.

(Carta al Gen. Montilla, 24 abr. de 1828; Vol. II).

 

Prefiero una derrota a una capitulación.

(Carta al Gen. Urdaneta, may. de 1828; Vol. II).

 

Estoy pronto a dejar el mando muy tranquilamente y con el mayor desinterés; pero yo no lo dejaré nunca sino con la vida cuando me lo quieran arrancar.

(Carta al Gen. Urdaneta. 11 may. de 1829; Vol. II).

 

Todos se vuelven locos cuando me quieren hacer la guerra, porque está visto que hay una Providencia especial para mí.

(Carta al Gen. Urdaneta. 11 may. de 1829; Vol.II).

 

Cuando me hablan de valor y de audacia, siento revivir todo mi ser y vuelvo a nacer, por decirlo así, para la patria y para la gloria.

(Carta a J. M. del Castillo, 15 may. 1828).

 

Que me manden salvar la República y salvo la América toda.

(Carta a J. M. del Castillo 15 muy. 1828; Vol. II).

 

Los peligros enseñan la vía de la salud.

(Carta al Gen. Briceño. 21 may. de 1828; Vol. II).

 

Mi médico me ha dicho que mi alma necesita de alimentarse de peligros para conservar mi juicio, de manera que al crearme Dios, permitió esta tempestuosa resolución para que yo pudiera vivir ocupado en mi destino especial.

(Carta al Gen. Pedro Briceño. 4 jun. 1828: Vol. II).

 

La gloria y la guerra son mis flaquezas.

(Carta a J. Rafael Arboleda, 29 jul. 1828; Vol. II).

 

Yo no quiero el mando, más si quieren arrebatármelo por fuerza o intrigas, combatiré hasta el último caso. Yo saldré gustosamente por el camino real y conforme se debe a mi honor.

(Carta al Gen. Páez, 13 sept. 1829; Vol. II).

 

Con valor se acaban los males.

(Carta al Cor. T. C. Mosquera, 20 nov. 1828; Vol. II).

 

Serviré con las armas hasta la muerte: influiré en la mejora y sostenimiento del nuevo gobierno; apoyaré con mi brazo y con mis amigos los militares al Magistrado que nos den; me gloriaré de prestarle ciega y dócil obediencia; lo defenderé dentro y fuera de la República; no excusaré mi reputación y vida en este servicio...

(Carta a J. Fdez. Madrid. 30 nov. de 1829; Vol. II).

 

Usted habrá creído que yo quería abandonar el campo: sentimiento que Vd. no debe abrigar sino en una inmensa prosperidad, porque yo nunca me retiraré delante de los peligros.

(Carta al Gen. Montilla, 10 dic. de 1829; Vol. II).

 

Nunca se me ha intimidado ni arrancado nada por la fuerza.

(Carta al Gen. Urdaneta, 10 dic. de 1828: Vol. II).

 

La experiencia nos ha acreditado que, al capitular con los rebeldes, el gobierno no hace otra cosa que perder su prestigio, degradarse y desmoralizar la parte sana de la nación.

(Carta al Gen. Salom,. 25 de dic. 1828; Vol. II).
Por Socialismo sin Tabu
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