Pensamientos del Libertador "El Hombre"

Publicado en por Socialismo sin Tabu

Me vería como un hombre indigno, si fuere capaz de asegurar lo no estoy cierto de cumplir.

(Carta a su tío Juan N. Ribas, 8 oct. 1812; Vol. 1).

 

Los beneficios que se hacen hoy se reciben mañana, porque Dios premia la virtud en este mundo mismo.

(Carta a Francisco Iturbe19 de sept. 1812; Vol. I,)

 

Como amo la libertad tengo sentimientos nobles y liberales, y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos.

(Carta a Juan Jurado, 8 dic. 1814; Vol I)

 

El que lo abandona todo por ser útil a su país, no pierde nada, y gana cuanto le consagra.

(Carta -reproduciendo acta- al Pte. de las Provincias Unidas de la N. Granada, desde Kingston, 10,

sept. 1815; Vol. I).

 

La desesperación no escoje los medios que la sacan del peligro.

(Carta al Editor de la Gaceta Real de Jamaica, sept. 1815;  Vol. I)

 

El peso de la libertad es liviano, pero también es difícil mantenerlo en equilibrio aun en las naciones más cultas y civilizadas.

(Carta al Editor de "Tite Royal Gazette", 28 sept. 1815; Vol. I).

 

¡He proclamado la libertad absoluta de los esclavos!

(Carta al Gen. Marion; 27 jun. 1816; Vol. I)

 

Si la lisonja es un veneno mortal para las almas bajas, los elogios debidos al mérito alimentan las almas sublimes.

(Carta al Gen. Petión, Rte. de Haiti, 9 oct. 1916; Vol. I).

 

La fortuna no debe luchar vencedora contra quienes la muerte no intimida; y la vida no tiene precio sino en tanto que es gloriosa.

(Carta al Gen. Briceño, 1 ene. 1817, Vol. I).

 

La amistad es mi pasión.

(Carta al Cor. Palacios, 16 mav. 1817; Vol. I).

 

El primer día de paz, será el último de mi mando.

(Carta al Gen. Santander, 10 jun. 1820; Vol. I).

 

Lo presente ya pasó, lo futuro es la propiedad del hombre, pues éste siempre vive lanzado en la región de las ilusiones, de los apetitos y de los deseos.

(Carta al Gen. Santander, 19 jun. 1820; Vol. I).

 

El primer día de paz, será el último de mi gobierno.

(Carta al Gen.. Santander, 23 jul. 1820; Vol. I).

 

La paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto es precioso en el mundo.

(Carta al Gen. Santander, 10 oct. 1820; Vol. I.).

 

Las discordias que nacen de la unión que yo he procurado formar, me hacen sufrir las agonías del suplicio.

(Carta al Gen. Santander, 10 )un. 1820; Vol. I).

 

Si Ud. tiene a quien librar algún dinero lo pagaré, pues aunque tenía algunas onzas, ya las he mandado repartir entre algunos menesterosos de mis amigos y compañeros de armas, y después dirán que tengo depósito.

(Carta a Fernando Peñalver, 24 sept. 18.20; Vol. I).

 

Nada, sino las malas acciones debe molestar a los hombres.

(Carta al Gen. español Pedro Morillo, 30 nov.1820. Vol. I).

 

Deseo irme lo más lejos que pueda a descansar de tanta pena que me dan los males ajenos.

(Carta al Gen. Páez. 18 ene. 1821Vol. I).

 

La vida es corta, no sé cuándo la perderé; un día perdido es irreparable.

(Carta al Dr. José Mo del Castillo, 29 agos. 1831; Vol. I)

 

Yo no escribo a los que amo sino cuando necesito de ellos.

(Carta al Gen. Urdaneta, 24 agos. 1821; Vol. I).

 

La república puede gobernarse perfectamente sin mi, con tal de que el Ejército la defienda bajo mis órdenes, quiero decir, bajo las órdenes de un ciudadano cualquiera que le desee libertad.

(Carta al Dr. José Mo del Castillo Rada, 16 de sept. 1821; Vol. I).

 

Yo creo más en el honor que en las pasiones.

(Carta al Gen. M. Montilla, 15 oct. 1821; Vol I).

 

La viuda del más respetable ciudadano de la antigua república de Nueva Granada (C. Camilo Torres) se halla reducida a una espantosa miseria, mientras yo gozo de treinta mil pesos de sueldo. Así, he venido en ceder a la señora Francisca Prieto mil pesos anuales de los que a mí me corresponden. En consecuencia, sírvase V. E. ordenar se le satisfaga la mesada correspondiente, descontándoseme a mí.

(Oficio al Vicepresidente de la República, Encargado del Poder Ejecutivo, 6. de nov. 1821; Vol. I).

 

Prefiero el título de Ciudadano al de Libertador, porque éste emana de la guerra, aquél emana de las Leyes. Cambiadme, Señor, todos mis dictados por el de buen ciudadano.

(Discurso ante el Congreso de Colombia, 3 oct. 1821;  Vol. II).

 

Yo valdría algo si me hubiesen alabado menos.

(Carta a Santander, 15 abr. 1833; Vol. II).

 

No creo ninguna cosa tan corrosiva como la alabanza.

(Carta a Santander, 15 abr. 1823: Vol. 1, p).

 

Bastante me han criticado por haber hecho el bien a pesar de mi deber...

(Carta al Gen. Santander, 29 abr. 1823; Vol. I).

 

Yo hago confesión general todos los días, o más bien examen de conciencia, y a la verdad tiemblo de mis pecados hechos contra mi voluntad, hechos en favor de la causa...

(Carta al Gen. Santander, 29 abr. 1823; Vol. I).

 

Yo no sé jamás degradarme a fingir y mucho menos a negar.

(Carta al Gen. Santander, 14 may. 1823; Vol. I).

 

Las cosas para hacerlas bien es preciso hacerlas dos veces: la primera enseña la segunda.

(Carta al Gen. Sucre, 24 de may. 1823; Vol. I).

 

Yo no quiero lujo en nada, pero tampoco indecencia.

(Carta a Anacleto Clemente, 29 may. 1823; Vol I).

 

Nadie puede hablar de si sin degradar de algún modo su mérito.

(Carta al Gen. Santander, 14 jun. 1832; Vol. I).

 

No le diga Ud. nada al Congreso sobre mi haber porque yo no quiero nada, nada, nada, sino armisticio o paz, y después veré como me compongo.

(Carta al Gen. Santander, 14 jun. 1823; Vol. I).

 

Cuánto más me elevo tanto más hondo se ofrece el abismo.

(Carta al Gen. Santander, 21 jul. 1823; Vol. I).

 

Parece que el demonio dirige las cosas de mi vida...

(Carta al Gen. Santander, 4 agos. 1823; Vol. I).

 

Estos señores (el Congreso del Perú) me han señalado cincuenta mil pesos de sueldo, pero yo he contestado que no los admito, porque no es justo ni noble que yo me ponga a sueldo del Perú, pudiendo con mil onzas que pueden gastarse aquí librar de esta mancha al Jefe de Colombia.

(Carta al Gen. Santander, 11 sept. 1823; Vol. I).

 

La ofensa hecha al justo es un golpe contra mi corazón y yo no quiero precipitar mi mano contra mi propio pecho.

(Carta al Gen. Santander, 30 oct 1823: Vol. I).

 

Renuncio desde luego la pensión de treinta mil pesos anuales que la magnificencia del Congreso ha tenido la bondad de señalarme; no la necesito para vivir, en tanto que el tesoro público está agotado.

(Carta al Pte. del Congreso de Colombia, 9 ene. 1824; Vol. I).

 

A los enemigos no se les engaña sino lisonjeándolos.

(Carta al Cor. Tomás Heres, 9 ene. 1824; Vol. I).

 

Mi único tesoro es mí reputación.

(Carta al Pte. del Congreso de Colombia, 9  ene. 1824;   Vol. I).

 

La ingratitud es el crimen más grande que pueden los hombres atreverse a cometer.

(Carta al Cor. Vicente Aguirre, 9 ene. 1824; Vol. I).

 

Venga Vd. al Chimborazo; profane Vd. con su planta atrevida la escala de los titanes, la corona de la tierra, la almena inexpugnable del Universo nuevo. Desde tan alto, tenderá Vd. la vista; y al observar el cielo y la tierra, admirando el pasmo de la creación terrena, podía decir: dos eternidades me contemplan: la pasada y la que viene; y este trono de la Naturaleza, idéntico a su autor, será tan duradero, Indestructible y eterno como el Padre del Universo.

(Carta a don Simón Rodríguezz, 19 ene. 1824; Vol.I).

 

Hasta ahora, he combatido por la libertad, en adelante quiero combatir por mi gloria aunque sea a costa de todo el mundo. Y mi gloria consiste en no mandar más.

(Carta al Gen. Santander, 23 ene. 1824; Vol. I).

 

Yo tengo necesidad de satisfacer estas pasiones viriles (llama el Libertador a su lado a don Simón Rodríguez que fuera su maestro), ya que las ilusiones de mí juventud se han apagado. En lugar de una amante, quiero tener a mi lado un filósofo; pues, en el día, yo prefiero a Sócrates a la hermosa Aspasia...

(Carta al Gen. Santander, 6 may. 1824; Vol. I).

 

Usted sabe que yo no sé mentir, y también sabe Ud. que la elevación de mi alma no se degrada jamás al fingimiento.

(Carta al Gen. Sucre, 4 sept. 1824; Vol. I).

 

La gloria está en ser grande y en ser útil.

(Carta al Gen. Sucre, 4 sept. 1824; Vol I).

 

Por triste que sea nuestra muerte, siempre será más alegre que nuestra vida.

(Carta a. Fernando Peñalver, 10 nov. 1824; Vol. I).

 

Yo cambiaría con Vd. mis dichas por tener un corazón tan sereno como el suyo, un campo tan tranquilo, una mujer tan buena y una familia tan honrada.

(Carta al Dr. Joaquín. Mosquera, 10 nov. 1824; Vol. I).

 

Mis tristezas vienen de mi filosofía, y yo soy más filósofo en la prosperidad que en el infortunio.

(Carta al Marqués del Toro, 10 nov. 1824; Vol. I).

 

Cuando yo perdiera todo sobre la tierra, me quedaría la gloria de haber llenado mi deber hasta la última extremidad, y esta gloria será eternamente mi bien y mi dicha.

(Carta al Marqués del Toro, 10 nov. 1824; Vol. I).

 

Lo que está más lejos de mí es el dolo y la perfidia.

(Carta al Gen. Olañeta, 15 dic. 1824; Vol. I).

 

Yo quiero vivir libre y morir ciudadano.

(Carta al Gen. Santander, 20 dic. 1824; Vol. I).

 

Noche y día me atormenta la idea, en que están mis enemigos, de que mis servicios a la libertad son dirigidos por la ambición.

(Carta al Pte. del Senado de Colombia, 22 dic. 1824;  Vol. I).

 

La gloria debe ser insaciable cuando se funda en sus verdaderos principios.

(Carta al Gen. La Mar, 17 feb. 1825; Vol. I).

 

Una vida pasiva e inactiva es la imagen de la muerte, es el abandono de la vida; es anticipar la nada antes de que llegue.

(Carta al Gen. Sucre, .20 ene. 1825; Vol. I).

 

La gloria de Ud. (Santander) y la de Sucre son inmensas. Si yo conociese la envidia, los envidiaría.

(Carta al Gen. Santander, 9 feb. 1825; Vol. I).

 

El Congreso me ha nombrado Padre y Salvador del Perú; me ha decretado los honores de Presidente perpetuo; ha mandado grabar mi busto en una medalla; me ha llamado Libertador; y me ha obligado a encargarme del mando del Perú, y después me señala una enorme fortuna (un millón de pesos). Yo he aceptado todo con gozo, menos lo último; porque las leyes de mi patria y las de mi corazón me lo prohíben.

(Mensaje al Pte. del Congreso Soberano del Perú, 28 feb. 1825; Vol. I).

 

Mi sinceridad es tal que me considero criminal en todo aquello que reservo. Yo soy un hombre diáfano.

(Carta al Gen. Santa Cruz, 11 mar. 1825; Vol. I).

 

Un hombre sin estudios es un ser incompleto.

(Carta a su hermana María Antonia, abr. 1825; Vol. I).

 

La instrucción es la felicidad de la vida; y el ignorante, que siempre está próximo a revolverse en el lodo de la corrupción, se precipita luego infaliblemente en las tinieblas de la servidumbre.

(Carta a su hermana Ma Antonia, abr. 1825; Vol. I).

 

La familia es un tesoro en que todos tienen interés.

(Carta a su hermana Ma Antonia, abr. 1825; Vol. I).

 

No hay más dicha ni desdicha que prudencia o imprudencia.

(Carta a su hermana Ma Antonia, abr. 1825; Vol. I).

 

La suerte me ha colocado en el ápice del poder; pero no quiero tener otros derechos que los del más simple ciudadano.

(Carta a su hermana Ma Antonia, abr. 1825; Vol.  I).

 

La sabiduría aconseja la resignación más absoluta a los decretos del destino para disminuir sus rigores.

(Carta al Gen. Urdaneta, 8 abr. 1825; Vol. I).

 

Tengamos una conciencia recta y dejemos al tiempo hacer prodigios.

(Carta al Cor. Hetes, 20 abr. 1825; Vol. I).

 

Más hace en un día un intrigante que cien hombres de bien en un mes.

(Carta al Dr. J. Hipólito Unanúe, 30 may. 1825; Vol. I).

 

Mi alma está embelesada con la presencia de la primitiva naturaleza, desarrollada por si misma, dando creaciones de sus propios elementos por el modelo de sus inspiraciones íntimas, sin mezcla alguna de las obras extrañas, de los consejos ajenos, de los caprichos del espíritu humano ni el contagio de los crímenes y de los absurdos de nuestra especie.

(Carta a José Joaquín Olmedo, 27 jun. 1825; Vol. I)

 

La existencia es el primer bien; y el segundo es el modo de existir.

(Carta al Gen. Santander, 28 junio 1825; Vol. I).

 

Estoy como el Sol, brotando rayos por todas partes.

(Carta al Gen. Santander, 5 jul. 1825; Vol. I).

 

Mi mayor anhelo es que los colombianos salgan del Perú inmaculados.

(Carta al Gen. Heres, 7 jul. 1825; Vol. I).

 

Llamo humano lo que está más en la Naturaleza, lo que está más cerca de las primitivas impresiones.

(Carta a su tío Esteban Palacios, 10 jul. 1825; Vol. I).

 

Tendré que pasar por el dolor de girar contra el tesoro público, porque actualmente no tengo un peso de que disponer.

(Carta al Gen. Briceño, 10 jul. 1825; Vol. I).

 

Yo he hecho lo que he podido por el bien de los hombres y de los buenos principios.

(Carta al Gen. Santander, 19 agos. 1825; Vol. I).

 

Protegeré la religión hasta que me muera.

(Carta a su hermana Ma Antonia, 27 oct. 1825; Vol. I).

 

Ya es tiempo de esperar en reposo la muerte para medio vivir los peores años de la vida.

(Carta al Gen. Santander, 12 dic. 1825; Vol. I).

 

Bolívar es incapaz de corromper a sus amigos porque nada puede pretender que no sea justo.

(Carta al abate De Pradt, 21 mar. 1826; Vol. I).

 

El mando me disgusta tanto como amo la gloria, y gloria no es mandar sino ejercitar grandes virtudes.

(Carta al Gen. Santander, 2 abr. 1826; Vol. I).

 

El amor a la libertad me ha forzado a seguir un oficio contrario a todos mis sentimientos.

(Carta al Gen. Santander 8 de aqos. 1826; Vol. I).

 

Yo he sido el soldado de la beldad, porque he combatido por la Libertad, que es bella, hechicera y lleva la dicha al seno de la hermosura donde se abrigan las flores de la vida.

(Palabras a unas señoras peruanas, 15 de agos. 1826; Vol. II).

 

Aunque me cueste la vida voy a impedir la guerra civil.

(Carta al Gen. Salom, 17 dic. 7826; Vol. I).

 

Mi gloria se ha fundado sobre el deber y el bien.

(Carta al Gen. Páez, 23 dic. 1836; Vol. I).

 

Mi voto es sincero porque no tengo envidia de nadie.

(Carta al Gen. Páez, 28 dic. 1816; Vol. I).

 

Quiero salir, ciertamente, del abismo en que nos hallamos, pero por la senda del deber y no de otro modo.

(Carta al Gen. Páez, 25 dic. 1820; Vol. I).

 

El instinto es un consejero leal; en tanto que la pedantería es un aire mefítico que ahoga los buenos sentimientos.

(Carta al Gen. Santander, 1826, Vol. I).

 

Hacer bien y aprender la verdad son las únicas ventajas que la Providencia nos ha concedido en la tierra.

(Carta a Jeremías Benthan, 15 ene. 1827; Vol. II).

 

Quiero asegurar después de mi muerte una memoria que merezca bien de la libertad.

(Carta al Pte. del Senado de Colombia, 5 de feb. 1827;  Vol. II).

 

El gran poder existe en la fuerza irresistible del amor.

(Carta al Gen. Sucre, 6 abr. 1827; Vol. II).

 

Cuando quede reducido a nada estaré satisfecho de mi propia ruina y la veré como una gloria y un martirio poco merecido.

(Carta al Gen. Urdaneta, 14 abr. 1827; Vol. II).

 

Yo podría arrollarlo todo, mas no quiero pasar a la posteridad como tirano.

(Carta a Sir Robert Wilson, General inglés, 8 abr. De 1827; Vol. II).

 

La amistad es más fuerte que la fortuna.

(Carta a Sir Robert Wilson, General inglés, 10 abr. de 1827; Vol. II).

 

Esfuerzos inauditos me han arrancado la energía de la vida y, por consiguiente, me hallo reducido al más triste desaliento.

(Carta al Gen. inglés, Robert Wilson, 26 de may. 1827; Vol. II).

 

La amistad es preferible a la gloria.

(Carta al Gen. Sucre, 8 jun. 1827; Vol. II).

 

Me es insoportable oírme llamar tirano y usurpador. Yo se padecer todo menos esto. El horror que profeso a la opresión no me permite ser víctima de este sacrificio. Esta es mí pasión dominante, no la puedo doblegar, y mi mayor flaqueza es mi amor a la libertad. Este amor me arrastra a olvidar hasta la misma gloria.

(Carta al Gen.. Robert Wilson, 16 jun. 1827; Vol. II).

 

Recibo con mucho placer un bastón que Vd. me da; es la imagen del mando, que yo aborrezco, por lo que jamás uso tal insignia.

(Carta a Fco, de Iturbe, 1° jul. 1827; Vol. II).

 

El mando pesa más que la muerte al que no tiene ambición.

(Carta al Gen. José de La Mar, 22 oct. 1827; Vol. II).

 

Yo siento por lo presente y por los siglos futuros.

(Carta al Gen. Robert Wilson, 18 nov. 1827; Vol. II).

 

¿Qué importa que yo perezca para que viva un pueblo?

(Carta a Manuela Garaycoa, 6 dic. 1827; Vol. II).

 

El hombre es hijo del miedo, y el criminal y el esclavo mucho más.

(Carta a J. M. Castillo, Pte. de la Convención de Colombia, 11 abr. 1828; Vol. II).

 

Es difícil hacer justicia a quien nos ha ofendido.

(Carta a J. M. Castillo, Pte. de la Convención de Colombia, 11 abr. 1828; Vol. II).

 

Mis temores nunca me han burlado, ellos son presagios infalibles.

(Carta a J. M. Castillo Rada, 24 abr. 1828; Vol. II).

 

La cadena de mis pensamientos se fija en el cielo y termina en el abismo. Jamás puedo razonar sin sacar consecuencias horrorosas.

(Carta a J. M. Castillo Rada, 24 abr. 1828; Vol. II).

 

Estoy cansado de los hombres y del gobierno, y ya es tiempo que me retire a vivir para mi. Bastante hice por la Libertad, y por lo mismo no debo pasar el resto de mi vida contra mi gloria, que haría el gasto de mis posteriores servicios en lugar de esperar recompensas.

(Carta al Cor. O'Leary, 8 mar. 1828; Vol. II).

 

Cuando yo observo un hombre de virtud y talento, mi afecto se arroja sobre él con una inclinación irresistible, y no se tranquiliza hasta que no ha logrado el recíproco.

(Carta a J. M. Castillo. 8 may. 1828; Vol. II).

 

Yo poseo el sentimiento de la amistad y de la gratitud: por lo mismo, sus contrarios me son enojosos.

(Carta a Joaquín Mosquera, 15 may. 1828; Vol. II).

 

¡Cuán dichosos fuéramos si nuestra sabiduría se dejara conducir por la fortaleza!

(Carta a J. M. del Castillo, 15 may. 1828; Vol. II).

 

En cuanto a la excelencia, usted sabe que no la merezco; me contentara yo con ser justo, por consiguiente no tengo derecho al superlativo de la excelencia. Tráteme usted por fin de Vd. y si fuéramos romanos, el tu valdría más. Este es el tratamiento de la amistad, de la confianza y aun de la ternura.

(Carta a J. Rafael Arboleda, 1° jun. 1828; Vol. II)

 

El titulo de amigo sólo vale por un himno y por todos los dictados que puede dar la tierra.

(Carta a J. Rafael Arboleda, 1° jun. 182.8; Vol. II).

 

Una vida entera de merecimientos cubre un momento de flaqueza.

(Carta a J. M. Restrepo, 3 jun. 1828; Vol. II).

 

Nadie es grande impunemente, nadie se escapa al levantarse de las mordidas de la envidia.

(Carta a J. M. Restrepo, 3 jun. 1828; Vol. II).

 

Reside en la médula de mis huesos el fundamento de mi carácter. Yo siento que la energía de mi alma se eleva, se ensancha y se iguala siempre a la magnitud de los peligros.

(Carta al Gen. Pedro Briceño, 4 jun. 1828; Vol. II).

 

Yo tengo demasiada fuerza para rehusar ver el horror de mi pena.

(Carta al Gen. Córdoba, jul. (fines) 1828; Vol. II).

 

Un sabio no muere nunca, pues no hace otra cosa que mejorar de carrera, pero su familia empeora de suerte.

(Carta al Dr. Cristóbal Mendoza, 16 sept. 1828; Vol. II).

 

Con ocasión de la sublevación de un grupo de oficiales y tropa en Colombia en septiembre de 1828, el Libertador escribe: "Mi dolor será eterno, y la sangre de los culpables reagrava mis sentimientos. Yo estoy devorado por sus suplicios y por los míos".

(Carta al Cor. O'Leary, 22 oct. 1828; Vol. II).

 

Si fuéramos vigorosos en juzgarlo, y si por haber sido mi enemigo yo no me viese comprometido a ser generoso con él (alude al general Santander) habría más que suficiente causa para que pereciese.

(Carta al Gen. Salom, 16 oct. 1828; Vol. II).

 

Yo soy implacable contra la ignominia, y estoy convencido de que el cielo, que me ha deparado tantos obstáculos para vencerlos, también me ha concedido la destrucción de mis enemigos.

(Carta al Gen. Sucre, 28 oct. 1828; Vol. II).

 

Estoy desbaratando el abortado plan de conspiración; todos los cómplices serán castigados más o menos; Santander es el principal, pero es el más dichoso, porque mi generosidad lo defiende.

(Carta al Gen. Sucre, 28 oct. 1828; Vol. II).

 

Mi vida: blanco de odios implacables

(Alocución a los colombianos, 12 nov. 1828;  Vol. II).

 

El bien como el mal, da la muerte cuando es súbito y excesivo.

(Discurso en el Congreso de Angostura, 15 feb. 1829; Vol. II).

 

La clemencia con los criminales es un ataque a la virtud.

(Carta a Estanislao Vergara, 22 abr. 1829; Vol. II).

 

El menor mal es el mayor bien posible.

(Carta a José Fdez. Madrid, 27 abr. 1829; Vol. II).

 

Los asesinos, los ingratos, los maldicientes y los traidores, han rebosado la medida de mi sufrimiento.

(Carta al Dr. José M° del Castillo, 1° jun. 1829, Vol. II).

 

La bondad es la exclusión de todos los defectos y de todas las maldades.

(Carta al Dr.  José M°  del Castillo, 1° jun. 1829; Vol II).

 

En semejantes países no puede levantarse un Libertador sino un tirano. Por consiguiente, cualquiera puede serlo mejor que yo, pues bien a mi pesar he tenido que degradarme algunas veces a este execrable oficio.

(Carta al Dr. José M°  del Castillo, 1°  jun. 1829; Vol. II).

 

¡Malditas sean las minas y las libranzas, y los que gastan sin tener con qué!

(Carta a José F. Madrid, 28 jun. 1829; Vol. II).

 

No es lo mejor lo más bueno si no hay posibilidad de hacer ejecutar lo que se intenta.

(Carta a Estanislao Vergara, 29 jun. 1829; Vol. II).

 

Valor, riqueza, ciencia y virtudes: estas son las cuatro potencias del alma del mundo corporal; estas son las reinas del universo.

(Carta al Gen. Santander, 10 jul. 1825; Vol. I).

 

Prefiero la ruina de Colombia a oírme llamar con el epíteto de usurpador.

(Carta a Estanislao Verqara, 13 jul. 1829; Vol. II).

 

Mejor es estar tranquilo que vivir sobre el trono del universo.

(Carta al Gen. Urdaneta, 13 jul. 1829; Vol. II).

 

Yo he combatido por la libertad y por la gloria; de consiguiente, juzgárseme tirano y con ignominia, es el complemento de la pena.

(Carta a Leandro Palacios, en Paris, 27 julio 1829; Vol. II).

 

La verdad pura y limpia es el mejor modo de persuadir.

(Carta al Gen. Urdaneta, 3 agos. 1829; Vol. II).

 

La ingratitud me tiene aniquilado el espíritu habiéndole privado de todos los resortes de acción.

(Carta a José F. Madrid, 16 agos. 1829; Vol. II).

 

Si quieren mi vida, aquí la tienen, pero no mis servicios, pues ya no tengo valor para sacrificar mi nombre como lo tenía antes: este es el primer efecto de la ingratitud.

(Carta a José P. Madrid, 16 agos. 1829; Vol. II).

 

¿Quiere usted que yo continúe haciendo de Jesucristo sin ser Dios? Esto es muy duro, esto supera mis fuerzas.

(Carta al Dr. Restrepo, 20 agos. 1829; Vol. II).

 

La muerte es la cura de nuestros dolores.

(Carta a Joaquín Mosquera, 8 sept. 1829; Vol. II).

 

Dudo que haya derecho para exigírseme que expire en el suplicio de la cruz: digo más, si no fuera más que la cruz, yo la sufriría con paciencia como la última de mis agonías. Jesucristo sufrió treinta y tres años esta vida mortal: la mía pasa de cuarenta y seis; y lo peor es que no soy un Dios impasible, que si lo fuera aguantaría toda la eternidad.

(Carta a Joaquín Mosquera, 3 sept. 1829; Vol. II).

 

No hay nada tan frágil como la vida de un hombre: por lo mismo toca a la prudencia precaverse para cuando llegue ese término.

(Carta al Gen. O 'Leary, 13 sept. 1829; Vol. II).

 

Probablemente será el general Sucre mi sucesor, y también es probable que lo sostengamos entre todos; por mi parte ofrezco hacerlo con alma y corazón.

(Carta al Gen. J. J. Flores, 5 dic. 1829; Vol. II).

 

Vd. debe ser justo ya que ofendió; esto no daña y es grande y bello; lo demás prueba poquedad de ánimo. Yo lo haría así, ya que no lo hubiera ejecutado antes; todo lo demás no es digno de Vd.; además, ¡la patria!...

(Carta al Gen. Urdaneta, 6 dic. 1829; Vol. II).

 

Yo moriré como nací: desnudo. Vd. tiene dinero y me dará de comer cuando no tenga. Pronto llegará el momento, pues estoy resuelto a no mandar más.

(Carta al Dr. José Angel de Alamo, 6 dic. 1829; Vol. II).

 

Si se empeñan en volverme a cargar del mando, bien pueden contar con que no lo admito, aunque por ello resultare la ruina de la República. Mi honor y ml gloria exigen este acto solemne de absoluto desprendimiento, para que el mundo vea que en Colombia hay hombres que desprecian el poder supremo y prefieren la gloria a la ambición.

(Carta al Gen. Páez, 12 dic. 1829; Vol. II).

 

Mi situación se está haciendo cada día más crítica, sin tener esperanza siquiera de poder vivir fuera de mi país de otro modo que de mendigo.

(Carta a José F. Madrid, 6 mar. 1830; Vol. II).

 

Yo estoy resuelto a irme de Colombia, a morir de tristeza y de miseria en los países extranjeros. ¡Ay mi amigo!, mi aflicción no tiene medida, porque la calumnia me ahoga como aquellas serpientes de Lacoonte.

(Carta a Joaquín Mosquera, 8 mar. 1830; Vol. II).

 

No veo delante de mí más que miseria, vejez y mendicidad cuando nunca he estado acostumbrado a semejantes calamidades.

(Carta al Dr. Gabriel Camacho, 2 sept. 1830; Vol. II).

 

Vd. sabe muy bien que el único carácter que hay en. Colombia enérgico es el mío, pues es el único título que he tenido para mandar a todos los demás, y Vd. sabe también que mi aborrecí miento al mando ha sido tan sincero como todo mi carácter.

(Carta al Gen. Pedro Briceño, 10 sept. 1830; Vol. II).

 

Es la desgracia del hombre el no contentarse nunca.

(Carta al Gen. Diego Ibarra, 20 sept. 1830; Vol. II).

 

Yo no pido por recompensa más que el reposo y la conservación de mi honor.

 (Carta al Gen. Pedro Briceño, 20 sept. 1850; Vol. II).

 

Un desengaño vale más que mil ilusiones.

(Carta al Dr. E. Vergara, 25 sept. 1830; Vol. II).

 

La amistad que siento por Vd. es más pura que la luz del Sol.

(Carta al Dr. E. Vergara, 8 dic. 1830; Vol. II).

 

Y así, estoy resuelto a irme a cualquier parte... ¡Pero cómo llegaré! Daré compasión a mis enemigos. Es el sentimiento menos agradable que un hombre puede inspirar a sus contrarios.

(Carta al Gen. Montilla, 23 nov. 1830; Vol. II).

 

He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono.

(Manifiesto a los pueblos de Colombia, 10 dic. 1830; Vol. II).

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